Necesitamos locura para vivir con cordura.

Posted By: Edu Ponce - julio 20, 2014

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Desde hace tiempo no escribo y no se como comenzar pero siento la necesidad de hacerlo para plasmar lo que pienso y lo que me pasa en estas simples líneas, porque los pensamientos vienen y van, son como las olas del mar, en algunas ocasiones penetran con fuerza la superficie terrestre y en otras se esconden, se amilanan, no quieren salir. Sin embargo, en un escrito inmortalizo lo que pienso. Siempre va estar presente física o virtualmente pero se que va a estar y es lo que me gusta de esto.

Acostumbro a caminar por las tardes, a esta hora esta un poco más fresco, por lo tanto es mas agradable una salida, ya cuando el sol se está ocultando y no lo hago antes porque los rayos del Astro Rey son muy fuertes y hace poco tuve una insolación por eso cada vez que salgo y recibo el sol mi piel se enrojece. Mi recorrido no es el mismo de siempre, me gusta explorar lugares y cosas nuevas pero al final de todo siempre llego a la misma zona, ese sitio donde me he identificado desde niño, pero esa parte se las contaré más adelante.

Av. Puerto-Aeropuerto

Uno de mis lugares privilegiados en las caminatas es la playa y para llegar hasta ahí primero tengo que pasar por Tarqui, el motor económico de Manta. Mi caminar lento hace que la travesía sea más interesante. 

Los zapatos se desgastan en la calzada de la ciudad que me ha acogido. Mi cuerpo comienza a sentir el calor de una urbe trabajadora que lucha para que el progreso sea imparable, insostenible, infinito, ese calor que transmite la ciudad después de realizar una larga jornada laboral.

 Unas personas de alistan para ir a sus hogares, limpian sus puestos de trabajos, guardan su mercancía. Algunos están resignados porque las ventas no han sido suficientes y sabiendo que no llegarán con el dinero que necesitan en la casa.

Otros demuestran caras de felicidad y desean que todos los días fueran así, con muchas ventas, con gran ingreso de dinero en sus bolsillos. Muchas personas esperan el transporte público para ir a sus casas y descansar, porque saben que viene otro día y que será una historia diferente.

Después de estar rodeado de comercio me encuentro en la playa. La brisa marina es excitante porque me toca suavemente, me quito los zapatos y mientras camino mis pies se hunden en la arena, el sol se oculta de a poco y se comienza a ver la luna muy tenuemente mientras las aves la siguen, cierro los ojos y escucho al mar en calma haciendo música porque me convertí en su audiencia, al abrir mis pestañas diviso a ese monstruo de interminable manto azul muy parsimonioso, tranquilo, dormido, llevo mi mano derecha hacia mi cabello desordenado y así tratar de arreglarlo un poco, después de contemplar al gigante de manto azul doy media vuelta, salí de la arena y me puse el calzado.

Playa de Tarqui - Ecuador

 Al salir de la playa me encontré con una chica de piel blanca, cabello castaño ondulado, facciones perfectas para mi gusto, con una mirada llena de ternura, dulzura, de sexy caminar, de desbordante belleza, una chica casi intocable, fuera de foco, inalcanzable, una chica perfecta en su cordura para vivir con ella mi locura. 

Antes ya la había visto y ella también a mi. Sus miradas me bombardeaban y yo a ella. Andaba con su mamá y su hermana por eso me limité y no le pude hablar, y se que la volveré a ver muchas veces más para deleitar mi vista pero ahora ya tengo un plan, una jugada maestra para hablarle.

Ya en el final de mi travesía, llegué a las bancas que me han recibido desde mi niñez, los primeros recuerdos que tengo en esta ciudad están ahí. He visto crecer y desarrollarse a Manta desde aquellas bancas. El ruido de los carros, motos y transportes públicos y privados no faltan, la presencia de los peatones siempre está presente. 

El rico y el pobre, el blanco y el negro, el educado y el vulgar, el trabajador y el desempleado, policías y delincuentes, indigentes, borrachos, niños, mujeres hermosas, ancianos, madres de familia, en fin todos los estratos sociales pasan al frente mío, por eso me gusta sentarme ahí desde hace mucho tiempo, para mi ese lugar es como el termómetro de la ciudad porque analizo y percibo como están las cosas en el entorno. 

Después de todo esto, un suceso de múltiples cosas, acciones, repercusiones, y ya cuando la noche está en todo su esplendor vuelvo a casa, el hogar, el lugar donde a cada uno de nosotros nos esperan.

 

Escrito por Edu Ponce.

 

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