Desde
hace tiempo no escribo y no se como comenzar pero siento la necesidad
de hacerlo para plasmar lo que pienso y lo que me pasa en estas simples
líneas, porque los pensamientos vienen y van, son como las olas del mar,
en algunas ocasiones penetran con fuerza la superficie terrestre y en
otras se esconden, se amilanan, no quieren salir. Sin embargo, en un
escrito inmortalizo lo que pienso. Siempre va estar presente física o virtualmente pero se que va a estar y es lo que me gusta de esto.
Acostumbro a caminar por las tardes, a esta hora esta un poco más
fresco, por lo tanto es mas agradable una salida, ya cuando el sol se
está ocultando y no lo hago antes porque los rayos del Astro Rey son muy
fuertes y hace poco tuve una insolación por eso cada vez que salgo y
recibo el sol mi piel se enrojece. Mi recorrido no es el mismo de
siempre, me gusta explorar lugares y cosas nuevas pero al final de todo
siempre llego a la misma zona, ese sitio donde me he identificado desde
niño, pero esa parte se las contaré más adelante.
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Av. Puerto-Aeropuerto |
Uno de mis lugares privilegiados en las caminatas es la playa y para llegar hasta ahí primero tengo que pasar por Tarqui, el motor económico de Manta. Mi caminar lento hace que la travesía sea más interesante.
Los zapatos se
desgastan en la calzada de la ciudad que me ha acogido. Mi cuerpo
comienza a sentir el calor de una urbe trabajadora que lucha para que el
progreso sea imparable, insostenible, infinito, ese calor que transmite
la ciudad después de realizar una larga jornada laboral.
Unas personas de alistan para ir a sus hogares, limpian sus puestos de trabajos, guardan su mercancía. Algunos están resignados porque las ventas no han sido suficientes y sabiendo que no llegarán con el dinero que necesitan en la casa.
Otros demuestran caras de felicidad y desean
que todos los días fueran así, con muchas ventas, con gran ingreso de
dinero en sus bolsillos. Muchas personas esperan el transporte público
para ir a sus casas y descansar, porque saben que viene otro día y que
será una historia diferente.
Después de estar rodeado de
comercio me encuentro en la playa. La brisa marina es excitante porque
me toca suavemente, me quito los zapatos y mientras camino mis pies se
hunden en la arena, el sol se oculta de a poco y se comienza a ver la
luna muy tenuemente mientras las aves la siguen, cierro los ojos y
escucho al mar en calma haciendo música porque me convertí en su
audiencia, al abrir mis pestañas diviso a ese monstruo de interminable
manto azul muy parsimonioso, tranquilo, dormido, llevo mi mano derecha
hacia mi cabello desordenado y así tratar de arreglarlo un poco, después
de contemplar al gigante de manto azul doy media vuelta, salí de la
arena y me puse el calzado.
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Playa de Tarqui - Ecuador |



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